Frecuencias en directo, composiciones propias y prácticas guiadas para calmarte, concentrarte y dormir mejor. Sin cuenta, sin rastreo y funciona sin conexión.
Sin atributos inventados. El origen documentado de cada tono, dónde cae musicalmente y qué se ha medido.
Un tono muy grave, justo en el borde donde el oído deja de distinguir una nota y empieza a sentir una vibración. Aquí abajo el sonido llega al pecho y a la espalda antes que a los oídos. Va con banda delta, el ritmo más lento de todos, el del descanso profundo.
El registro del bajo grave, el que sostiene una canción por debajo de todo lo demás. Es el tono para tumbarse y dejar que el sonido te sostenga sin pedirte atención. También con banda delta.
Un poco más arriba: el grave todavía se siente en el cuerpo y ya se oye con claridad como nota. Es el tono para volver al cuerpo cuando la mente va rápido. Banda delta debajo.
Un Fa grave, casi exacto en el sistema occidental. Está en el registro donde el sonido se siente en el pecho antes de oírse: la vía más directa que tiene un tono para llegar al cuerpo. Y el sonido grave y lento es justamente el que más baja el pulso.
Cae a un cuarto de tono entre Do sostenido y Re: no existe en el piano ni en ninguna escala que hayas oído. El oído no puede asignarlo a una tonalidad y deja de anticipar hacia dónde va. Ese soltar es el efecto, y es acústica, no misticismo.
El nombre viene del himno «Ut queant laxis», del siglo VIII: de sus sílabas sacó Guido d'Arezzo hacia el año 1030 los nombres de las notas que aún usamos. Es un Sol, y está exactamente una cuarta justa por debajo de 528 Hz. El más grave de los seis clásicos: registro de pecho, sensación de suelo.
Cae casi clavado en un Sol sostenido: un semitono por encima del anterior, la distancia más pequeña que el oído registra como movimiento. Su sílaba, «REsonare fibris», es la que dio nombre al Re. Se percibe como un tono asentado, no como una nota extraña.
En 2025, un ensayo aleatorizado comparó la misma pieza afinada a 432 Hz y a la afinación estándar: con 432 bajó el pulso, subió la variabilidad cardiaca y cedió la rigidez arterial. En un estudio a doble ciego, quienes la escucharon puntuaron más alto su atención y su satisfacción. Verdi ya defendía bajar la afinación porque las voces sufrían — y con 432 Hz el Do cae en 256, una potencia exacta de dos.
Es un Do exacto cuando la orquesta se afina a 444 Hz: una nota clara, en el registro donde el piano y la voz suenan más luminosos. Un estudio japonés midió descensos de cortisol en saliva tras escucharla. Era pequeño —nueve personas—, pero fue medido, y esa es la diferencia con lo que se cuenta por ahí.
Cae a un cuarto de tono entre Mi bemol y Mi: fuera de cualquier escala del piano. Está exactamente una cuarta justa por debajo de 852 Hz, la misma relación que une 396 con 528. Su sílaba, «FAmuli tuorum», dio nombre al Fa.
Un Fa sostenido prácticamente exacto: el más afinado de todos respecto al sistema estándar. Suena nítido y bien colocado, sin ambigüedad. Va con banda beta, el ritmo de la atención despierta, y por eso está en el lado del foco y no en el del descanso.
Cae a un cuarto de tono entre Sol sostenido y La, en el registro alto donde el oído humano es más sensible. No pertenece a ninguna tonalidad, así que no arrastra expectativa: se queda quieto, y la atención se queda con él.
El más agudo del conjunto, un cuarto de tono por debajo del Si. Los nueve números forman tres series separadas exactamente por 111 —174, 285, 396; 417, 528, 639; 741, 852, 963— y este cierra la última. Aquí va con banda theta: tono alto arriba, pulso lento debajo.
Entre el suelo y la ionosfera hay una cavidad de unos cien kilómetros de alto. Los rayos —unos cincuenta por segundo en todo el planeta— la golpean sin parar, y resuena. Winfried Otto Schumann lo calculó en 1952 y ocho años después dos ingenieros del MIT lo midieron. Hoy se registra a diario en observatorios geofísicos de Hungría, Polonia, Japón, la Antártida y Sierra Nevada, en Granada. Su modo fundamental está en 7,83 Hz, justo en la frontera entre theta y alfa, que es donde el cerebro humano en reposo tiene su ritmo. Una aclaración honesta, porque importa: la resonancia es electromagnética, no sonido, y a 7,83 Hz el oído no percibe un tono. Lo que suena aquí es un pulso a ese mismo ritmo, 7,83 veces por segundo, sobre una portadora audible. No te conecta con el planeta: te da algo lento y regular a lo que agarrarte.
El sonido lento y la respiración pausada empujan al cuerpo hacia la calma — y eso se puede medir.
Las ondas binaurales se asocian con menos ansiedad en un meta-análisis de 22 estudios (efecto medio y consistente; mayor en rango theta/delta).
Respirar a unas seis veces por minuto sube la variabilidad cardíaca y baja el pulso y la presión. Es de lo mejor documentado — sostiene toda la sección de Respiración.
El sonido lento y relajante reduce cortisol y presión arterial y mejora la HRV, sobre todo cuando se escucha con intención de relajarse.
La corteza auditiva se sincroniza a la modulación del sonido, medible por EEG. El entrainment auditivo existe como fenómeno cerebral real.
Un meta-análisis de 22 estudios las asocia con menos ansiedad (efecto medio, g≈0,45; mayor en rango theta/delta). En cirugía, otro meta-análisis (14 ensayos, ~1.000 personas) halló menos ansiedad y ligeras bajadas de pulso y presión frente a audio neutro.
Lo más firme de todo: respirar a unas seis veces por minuto sube la variabilidad cardíaca y la sensibilidad barorrefleja, y baja pulso y presión. Es la base de nuestra sección de Respiración.
El sonido lento y grave reduce cortisol y presión arterial y mejora la HRV — más aún cuando se escucha con intención de relajarse y a un tempo cercano al pulso en reposo.
El meta-análisis más amplio sobre autoafirmación reúne 67 estudios y más de 17.700 personas: mejora la autopercepción y el bienestar, y los efectos siguen ahí semanas después. Repetido a diario es cuando se nota.
Las cuatro meditaciones no van de vaciar la mente: van de mirar quién eres por debajo de los papeles que representas. La pizarra en blanco parte de una práctica clásica de desidentificación: escribes quién crees que debes ser y luego lo borras, para ver qué queda. Observar al que observa es la instrucción central de la atención abierta, la misma que la investigación en mindfulness asocia con menos rumia y más distancia respecto al propio pensamiento. Y soltar trabaja el momento exacto en que aflojas, que es donde el sistema nervioso pasa de vigilancia a descanso. Doce minutos, con voz de hombre o de mujer, en tres idiomas.
Los efectos más grandes no aparecen en la sesión suelta: aparecen cuando se repite. La respiración lenta baja la tensión de forma sostenida a las pocas semanas, el entrenamiento autógeno responde antes cada día que lo practicas, y escuchar con la intención de calmarte baja el cortisol medido en saliva — algo que no ocurre si lo dejas de fondo. Diez minutos al día rinden más que una hora el domingo.
No hace falta creer en nada: creamos las condiciones para que tu sistema nervioso baje el ruido por sí solo — y cada día que lo haces, las encuentra antes.
SonoTer se basa en principios de relajación y respiración lenta y en evidencia revisada por pares. Acompaña tu bienestar; no es un producto médico y no sustituye atención profesional.
Fuentes: Garcia-Argibay et al., Psychological Research (2019) · Binaural beats · perioperative meta-analysis (2025) · de Witte et al., Health Psychology Review (2020) · Slow breathing review · Neuroscience & Biobehavioral Reviews (2021) · Self-affirmation meta-analysis · American Psychologist (2025) · 40-Hz ASSR · Nature Neuropsychopharmacology (2016)
Un meta-análisis de 22 estudios las asocia con menos ansiedad (efecto medio, g≈0,45; mayor en rango theta/delta). En cirugía, otro meta-análisis (14 ensayos, ~1.000 personas) halló menos ansiedad y ligeras bajadas de pulso y presión frente a audio neutro.
Lo más firme de todo: respirar a unas seis veces por minuto sube la variabilidad cardíaca y la sensibilidad barorrefleja, y baja pulso y presión. Es la base de nuestra sección de Respiración.
El sonido lento y grave reduce cortisol y presión arterial y mejora la HRV — más aún cuando se escucha con intención de relajarse y a un tempo cercano al pulso en reposo.
El meta-análisis más amplio sobre autoafirmación reúne 67 estudios y más de 17.700 personas: mejora la autopercepción y el bienestar, y los efectos siguen ahí semanas después. Repetido a diario es cuando se nota.
Las cuatro meditaciones no van de vaciar la mente: van de mirar quién eres por debajo de los papeles que representas. La pizarra en blanco parte de una práctica clásica de desidentificación: escribes quién crees que debes ser y luego lo borras, para ver qué queda. Observar al que observa es la instrucción central de la atención abierta, la misma que la investigación en mindfulness asocia con menos rumia y más distancia respecto al propio pensamiento. Y soltar trabaja el momento exacto en que aflojas, que es donde el sistema nervioso pasa de vigilancia a descanso. Doce minutos, con voz de hombre o de mujer, en tres idiomas.
Los efectos más grandes no aparecen en la sesión suelta: aparecen cuando se repite. La respiración lenta baja la tensión de forma sostenida a las pocas semanas, el entrenamiento autógeno responde antes cada día que lo practicas, y escuchar con la intención de calmarte baja el cortisol medido en saliva — algo que no ocurre si lo dejas de fondo. Diez minutos al día rinden más que una hora el domingo.
No hace falta creer en nada: creamos las condiciones para que tu sistema nervioso baje el ruido por sí solo — y cada día que lo haces, las encuentra antes.
SonoTer se basa en principios de relajación y respiración lenta y en evidencia revisada por pares. Acompaña tu bienestar; no es un producto médico y no sustituye atención profesional.
Fuentes: Garcia-Argibay et al., Psychological Research (2019) · Binaural beats · perioperative meta-analysis (2025) · de Witte et al., Health Psychology Review (2020) · Slow breathing review · Neuroscience & Biobehavioral Reviews (2021) · Self-affirmation meta-analysis · American Psychologist (2025) · 40-Hz ASSR · Nature Neuropsychopharmacology (2016)
Cinco prácticas, cada una con su nombre real en la literatura y su tamaño de efecto.
Se llama etiquetado afectivo. Matthew Lieberman midió con resonancia magnética que poner en palabras una emoción baja la actividad de la amígdala, el centro de alarma del cerebro, y activa la corteza prefrontal. En un ensayo controlado con 88 personas, quienes pusieron su miedo en palabras tenían menos reactividad fisiológica una semana después que quienes lo reinterpretaron o se distrajeron. La práctica pregunta dónde lo sientes, no por qué: buscar el porqué desde dentro alimenta la rumiación, y lo que alarga una emoción no es la emoción, es darle vueltas.
Lieberman et al. (2007), Psychological Science 18(5) · Kircanski, Lieberman & Craske (2012), Psychological Science 23(10) · Nummenmaa et al. (2014), PNAS 111(2) · Watkins & Teasdale (2004), J Abnorm Psychol 113(1)El meta-análisis más amplio sobre autoafirmación reúne 67 estudios y más de 17.700 personas: mejora la autopercepción y el bienestar, y los efectos siguen ahí semanas después. No es pensamiento positivo. Una frase que contradice lo que sientes no ayuda; la que lo nombra con precisión, sí. Por eso van sobre sonido: la activación baja primero, y en un estado menos alerta las palabras encuentran menos resistencia.
Zhang, Chen & Wang (2025), American Psychologist · Creswell et al. (2013), PLOS ONE 8(5) · Kashdan, Barrett & McKnight (2015)Lo que hace esta sección tiene nombre propio en psicología: reevaluación cognitiva. Es la estrategia de regulación emocional con más respaldo experimental que existe —190 estudios— y funciona todavía mejor cuando cambias la perspectiva desde la que miras la escena. En los mismos datos, darle vueltas al sentimiento y tratar de bloquear el pensamiento salen con signo negativo: empeoran. La emoción no nace del hecho, nace de la interpretación que le diste; se suelta esa interpretación y lo demás cede.
Webb, Miles & Sheeran (2012), Psychological Bulletin 138(4) · Buhle et al. (2014), Cerebral Cortex 24(11) · Gross & John (2003), J Pers Soc Psychol 85(2)Johannes Heinrich Schultz lo formuló en 1932 y sigue en uso clínico. En Alemania está nombrado en el catálogo de prevención del GKV-Spitzenverband y las cajas de enfermedad financian hasta dos cursos al año. El meta-análisis de referencia reunió 60 estudios controlados con efectos de tamaño medio a grande. No pides relajarte: describes una sensación —el brazo pesa, el brazo está caliente— y el cuerpo sigue a la atención. Once fases, y responde antes cada día que lo practicas.
Schultz, J. H. (1932) · Stetter & Kupper (2002), Appl Psychophysiol Biofeedback 27(1) · Leitfaden Prävention, GKV-Spitzenverband (2023)Es lo mejor documentado de toda la app. Cerca de seis respiraciones por minuto la variabilidad cardiaca entra en resonancia con el ritmo respiratorio. En personas con la tensión alta, una sola sesión así casi duplicó la sensibilidad del barorreflejo y bajó la máxima unos 8 mmHg; sostenida unas semanas, la baja de forma estable. En 26 ensayos redujo además el estrés, la ansiedad y el ánimo bajo — y el efecto aparece con la respiración lenta, no con la rápida.
Joseph et al. (2005), Hypertension 46(4) · Chaddha et al. (2019), Complement Ther Med · Fincham et al. (2023), Scientific Reports 13:432 · Lehrer & Gevirtz (2014), Front Psychol 5:756Todo esto cabe en tu bolsillo, y esta noche puedes empezar.
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Última actualización / Stand / Last updated: julio 2026.
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